Dear A papá,
Papá:
Perderte era mi peor miedo... y aun así la vida me obligó a aprender cómo se siente vivir sin vos.
Hay recuerdos que quedaron marcados en mí para siempre. Nunca voy a olvidar las 7:38 de aquella mañana. Recuerdo que estaba dormida después de haber hablado hasta tarde con mi hermana Florencia. Me había quedado dormida con el celular en la mano. Y entre sueños sentía una vibración del lado izquierdo de la cama. Era un mensaje de mi hermano.
Todavía recuerdo el momento exacto en que leí su mensaje diciéndome que fuera rápido a la casa de mis padres. Y cuando iba llegando al parrillero de la casa, me lo encontré a él completamente shockeado, diciéndome que papá no respiraba.
Corrí desesperada. Abrí la cortina del cuarto donde estaba papá... y ahí estaba él, acostado. Con solo mirarlo entendí todo. Mi alma supo en ese instante que ya había partido de este mundo.
Fui corriendo al cuarto de mamá y le grité mientras dormía que papá nos había dejado. Mi mente quedó en blanco. Todo se rompió en segundos.
Se había ido el hombre de mi vida. El hombre que me dio todo, que jamás permitió que me faltara nada, el que me cuidó y amó siempre. Y aunque mi corazón se destruía, mi mente intentaba engañarse pensando que al menos él ya no sufría más.
Desde aquel 22 de julio de 2025 hay una parte de mí que quedó rota en ese pasillo largo, viendo cómo se llevaban el cajón donde también se iba mi vida con vos.
Todavía cierro los ojos y vuelvo a ese momento. El dolor sigue igual de fuerte. Hay mañanas como esta, 20 de mayo de 2026, a las 6:59, donde estoy acostada con mi bebé sobre mi pecho, mi pareja al lado mío, y aun así siento un vacío enorme porque vos no estás. Mis lágrimas caen solas mientras pienso cuánto desearía que pudieras verlo crecer, escucharlo reír, cargarlo en brazos y acompañarme como siempre lo hiciste.
Vos no eras solamente mi padre. Eras mi amigo, mi refugio, mi persona favorita. Eras el que me calmaba cuando el mundo dolía demasiado. Y ahora me toca seguir adelante intentando aprender a vivir con esta tristeza que aparece en los momentos más silenciosos.
Hay días donde quiero llamarte para contarte algo y recién después recuerdo que ya no puedo. Y duele. Duele muchísimo. Porque nadie entiende realmente lo que significa perder a alguien que era parte de tu alma.
Ojalá pudieras verme hoy. Ojalá pudiera abrazarte una vez más y decirte cuánto te amo, cuánto te extraño y cuánto me hacés falta. Porque aunque pase el tiempo, nunca voy a dejar de necesitarte.
Te llevo conmigo en cada recuerdo, en cada lágrima y en cada pedazo de amor que intento darle a mi hijo. Porque si algo me enseñaste fue amar de verdad.
Te extraño todos los días, papá.
Y te voy a amar toda mi vida.